top of page

Vivir lo narrado: El ruido del tiempo Julian Barnes

  • 3 mar 2017
  • 2 min de lectura

Imagen: Anagrama

Durante varios años demostré anacrónica indiferencia a la obra de Julian Barnes (Leicester 1946), y sólo hasta después de publicado El ruido del tiempo fui ofuscado por la paranoia de toparme una y otra vez con él; desde las librerías que frecuenté hasta los suplementos culturales socorridos, ése peculiar libro de fondo amarillo del que sobresale un sujeto de anteojos, el cual sujetando un portafolio con su mano derecha mira hacia atrás con angustia; la adquisición resultó ser el triunfo de su asechanza.


Nada más conocer la identidad del sombrío personaje, Dimitri Shostakóvich, corrí a la sala de mi casa a consultar un libro decorativo, esos magníficos adornos que reposan en casi todas las mesas de las salas de estar, sobre música clásica cuya descripción reza así: Dimitri Shostakóvich, one of the most greatest composers on the XXth Century. La seriedad de las palabras ante la grandeza, provocaron un impacto. Seguí leyendo y releyendo algunos fragmentos. Me di a la tarea de anotar minuciosamente los conceptos desconocidos para mí, incluyendo nombres, circunstancias históricas; pues Barnes heredero de una tradición tolstoniana consigue redoblar la confusión de personajes. Me fue posible vivir lo narrado. Mientras leía, escuché a la artífice de las desgracias de Shostakóvich la Lady Macbeth de Mtsenk; esa preciosa ópera censurada por los cánones inquisitivos del Poder.


Julian Barnes nos regala una novela especialísima. Digna de leerse con sumo cuidado. A ritmo lento la claridad reluce a cada paso de hoja. Es una historia más parecida a una caprichosa niña fresa que exprime la capacidad de atención de su interlocutor, me explico: dejar un par de días la novela requiere recomenzar no desde donde el separador indique, sino de más atrás. Es difícil volver a encontrar el contexto si la lectura se interrumpe. Ni modo, la vida es más sabrosa que la comprensión exacta de una historia.


El ruido del tiempo revela el trágico recorrido de un hombre incapaz de expresar los sentimientos dictados por su interior, a causa de la demoníaca manipulación del Poder. La esencia y la singularidad de una obra de arte, radica en la expresión del artista. Aquello que quiere decirnos: los trazos, las palabras y esa melodía moldeada por la razón, y gratamente influidas por una parcela incomprensible del espíritu universalmente conocida como libertad.

Julian Barnes explora una circunstancia especial en la historia de la humanidad; donde el arte se contamina por la ideología, lo bello como instrumento de manipulación, la armonía demolida por injusticia.

Comentarios


ARTÍCULOS RECIENTES 

bottom of page