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Música para algo…

11 mar 2018
2 min de lectura

En gustos se rompen géneros. Y es verdad. Cada persona es un universo singular y original; y en cuanto a gustos musicales, la diversidad es inagotable. Todos y cada uno defendemos a capa y espada nuestro gusto musical como el mejor o el más refinado… y en realidad, todos tenemos algo de razón.

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Cada género musical cumple una función en nuestras vidas; viéndome utilitarista, nos sirve para algo. Dependiendo de las actividades ordinarias, elegimos el rap para hacer protesta; la banda para encender la pista de baile; al momento de hacer deporte, electrónica; el rock de los ochentas y noventas, al manejar en carretera; el pop, resulta indispensable en las boutiques de ropa; y así podemos seguir. Sin embargo, hemos olvidado un punto crucial; por antonomasia, existe un género, hecho para el disfrute y el ejercicio contemplativo. Música para ser escuchada. Suena bobo, pero es verdad.

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La música culta, clásica, gracias a su portentosa riqueza y majestuosa expresividad, ha sido creada con una sola razón de ser, ser escuchada. Remozada de finos detalles, engalanada con matices y su pluralidad de sonidos, tonos y timbres; no es posible agotarlos con escucharla una sola vez. Es un ejercicio de vida. De hecho, se le denomina “clásica” por el simple hecho de seguir sorprendiendo a la humanidad y dando de qué hablar, sin importar el transcurrir de los años.

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Con lo anterior no quiero minusvalorar a la música popular, sino todo lo contrario. Es más, agradecemos su existencia, pues todos hemos experimentado la satisfacción interior proporcionada por la melodía, el ritmo y unas cuantas letras pegajosas.

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La complejidad de la música clásica no la hace necesariamente buena; sino cuando se utilizan a la perfección todos y cada uno de los elementos que la conforman. Y la música popular no es mala por ser popular, de hecho, ¿cuántas canciones populares tienen la capacidad de hacernos llorar? ¡Muchas! Estoy seguro.

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Sin embargo, hay momentos para todo. El riesgo de una persona, con cualquier clase preferencias musicales, estriba en limitarse a un solo género. De este modo, se pierde de la experiencia de la gran variedad existente, y más aún, la oportunidad de congeniar con otras personas. Si algo quiero transmitir al lector es la invitación a ensanchar su horizonte, conocer cosas nuevas, pero sobretodo, a darse el espacio y aprender a escuchar. Sea cual sea su música favorita. Por favor intente un día, hacer el ejercicio de escuchar, sentarse en el sofá y solamente, escuchar.

Si usted considera que su género preferido, no merece la pena dedicar un rato de su tarde exclusivamente a escucharlo, quizá no sea música para eso. Intente por una vez. Arriésguese a escuchar la música clásica, y descubra el gran tesoro que hay en ella.


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